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miércoles, 5 de noviembre de 2008

Obama: lo imposible es posible


Se ha marcado un hito en la historia de los Estados Unidos de Norteamérica. Pero ha sido también para el mundo entero, pues no cabe duda que este hecho tendrá sus repercusiones y efectos en todo el planeta, pues está muy claro para todos que el presidente de ese país es el hombre más poderoso del orbe. Ha sido así a lo largo de todo el siglo XX, y a pesar de los cambios y logros de nuestros tiempos, esta situación sigue siendo la misma. Un ejemplo del peso de los Estados Unidos hoy en día a nivel mundial, es la grave crisis financiera y económica que afecta a todos los países de los cinco continentes, la cual inició y se desarrolló a lo interno de esa nación.

No cabe duda que el pueblo norteamericano ha madurado mucho. Que un hombre de raza negra llegue a la Casa Blanca era algo impensable apenas unos cuantos años atrás. Y tan solo hace unas décadas, la segregación racial estaba a la orden del día en ese país. Los negros, encima de ser descendientes de los esclavos, eran tratados casi como animales, le estaban vedados los más elementales derechos y votar era algo que parecía irrealizable. Y fue por ello que surgieron líderes y hasta mártires, como Marthin Luther King, quien fue vilmente asesinado, pero dejó el eco de sus palabras: “yo tengo un sueño…” Y como un emblema, a través de Barack Obama, ese sueño se ve cumplido. ¿No es algo increíble? Es algo impactante y hay que caer a la cuenta de la enorme importancia que tiene para el mundo en nuestros tiempos. Esto va más allá de que haya ganado las elecciones el partido demócrata, en realidad no se trató de un proceso cívico convencional, sino de un acontecimiento sin precedentes, donde el pueblo norteamericano acudió a las urnas de manera masiva, como nunca, blancos caucásicos, afroamericanos, hispanos, asiáticos… habiéndose trascendido los prejuicios raciales y sociales. Donde la juventud, que solía ser apática, ansiosa de cambio, fue protagonista directa de este indescriptible proceso. Obama fue un factor de unidad y representa la nueva esperanza de un país y el mundo entero.

El nuevo presidente electo de los Estados Unidos es la esencia de ser norteamericano. Hijo de un ciudadano de raza negra del país africano de Kenya y una típica ciudadana blanca de Kansas, Obama nació en Hawai, donde sus padres, siendo universitarios se conocieran. Así pues, nació en Estados Unidos, allí creció, en el seno de una familia cristiana y siendo un ciudadano como todos, que estudió y se graduó de abogado en la universidad de Harvard por sus propios méritos. Más tarde incursionó a la política, y lo demás, es historia. Durante las campañas electorales, como es normal, se dice de todo, y en este caso, no fue la excepción, se dijo de él que era musulmán y que tenía vínculos con terroristas, y nada más alejado de la realidad que eso, que por su falta de experiencia, se corre el riesgo que no funcione, bueno, eso está por verse. Ya la campaña pasó, los candidatos de ambos partidos se atacaron, como era de esperarse, pero como dos ciudadanos civilizados que son, concluyeron este episodio a la altura de las circunstancias. Ya no se trata del candidato de un partido, sino del presidente de todos los norteamericanos y el nuevo líder del mundo de nuestros días. Al principio, tendrá que tomar medidas que quizás parezcan antipopulares, pero que serán correctivas, pues no hay que olvidar que está recibiendo un país colapsado y un mundo en guerra. Por otro lado, habrá errores, pues errar es de humanos. Pero si el nuevo presidente incurre en graves errores, a conciencia, donde traiga graves consecuencias para su país y el mundo, no dudemos que el pueblo es el que manda, y se le castigaría, a él y a su partido, como ha sucedido con el que está por dejar la Casa Blanca. No me cabe la menor duda que entre las metas de Obama, y que son enormes desafíos, es la lucha contra el terrorismo, así como contribuir a poner fin a las guerras y abrir nuevos espacios para alcanzar la paz y armonía en el mundo.

Estados Unidos es una gran nación conformada por inmigrantes. Barack Obama es un ejemplo de ello. Y los hispanos en ese país lo saben, por eso votaron, de manera sabia, en su gran mayoría por él. Esperemos pues que las cosas mejoren para ellos, donde ya son parte de un país heterogéneo, en cuya diversidad está su riqueza. Y en cuanto a las relaciones con nuestra América Latina, tampoco me cabe la menor duda, que serán muy estrechas, cordiales y de mucha cooperación. Y aunque las elecciones del año 2000 dejaron mucho que desear en Estados Unidos, estas del 2008, fueron un ejemplo de máximo civismo y ejercicio de democracia pura. Deberían de tomar nota algunos gobiernos de nuestros países, donde sus gobernantes parecen estar contentos con la victoria de Obama, pero que están MUY LEJOS de parecérsele y acercársele en principios. No estaría nada mal que vieran como se hacen las cosas y se enteren que la democracia no es sólo retórica, demagogia y populismo, sino el auténtico ejercicio de la misma. Estos caudillos y líderes arcaicos y obsoletos, deberían de ver el ejemplo de cuando un pueblo se cansa y decide hacer el cambio. Que la democracia no es tal, por mucho que hablen en su nombre, si se coarta el derecho a un principio tan elemental como es la libertad. Esperemos entonces, que éste sea el principio de la llegada de tiempos mejores para el mundo y la humanidad.

Jorge Gamero Paguaga
5 de noviembre de 2008

La Libertad: frases célebres


Freedom! de Paul Mac Cartney (¿Cómo es posible que existan humanos de primer mundo y humanos como los africanos del vídeo?). Hay dos mundos en uno, algo que debe cambiar...!

jueves, 16 de octubre de 2008

La crisis mundial, Latinoamérica dividida y la integración centroamericana







Entre a artículo: ¿La integración regional está en reversa?, escrito en Junio de 2004, a través del siguiente link:

Sistema Económico Latinoamericano - SELA

Escribí el artículo del link anterior, en Junio de 2004, y no se han dado pasos sustanciales en el proceso de la integración centroamericana desde entonces, tampoco se toca mucho sobre este tema. Y es que, claro, los últimos acontecimientos en el mundo, han venido a ensombrecer cualquier tipo de procesos de carácter regional. Entre ellos, descuella la caótica crisis financiera mundial, situación que de hecho se venía anunciando desde hace mucho tiempo, con las crisis financieras internas de los Estados Unidos y los precios estratosféricos del petróleo, y por consecuencia, de los productos básicos para la subsistencia en el mundo entero, generándose una terrible crisis alimentaria globalizada sin precedentes en los últimos años.

Sin el ánimo de ser pesimista, es una verdadera tragedia lo que ocurre en el mundo hoy en día, pues además de la crisis económica financiera global, que acarrea crisis social, también se ha generado una nueva y gravísima crisis político-ideológica mundial. Lamentablemente, en América Latina, es donde más se ha puesto en evidencia y donde más ha repercutido, creándose una polarización y divisionismo muy marcado, no sólo entre los gobiernos y los políticos, sino entre nuestros mismos pueblos. Y Centroamérica ha estado precisamente en el ojo del huracán. Hace años pasó la guerra fría, pero pareciera que estamos condenados a estar en fuego cruzado siempre. Los tiempos han cambiado, y se supone que debemos estar mucho mejor que antes, pero no es así. La crisis del capitalismo, por un lado y la famosa propuesta de un socialismo de siglo XXI, han venido a hacer añicos las posibilidades de una integración a nivel latinoamericano. Y a pesar de que las naciones del istmo están lamentablemente inmersas e involucradas en estas terribles marejadas, esperemos que el proyecto de integración de esta región, iniciado desde hace varias décadas, no se caiga, sino que por el contrario, se fortalezca.

Está sucediendo lo que reza el dicho popular: “cada quien lleva agua para su molino”. Se ha caído en la trampa de los intereses particulares y creados de unos pocos, no importa su origen, ya sea de multinacionales capitalistas, o de caudillos y presidentes populistas, de corrientes político ideológicas anacrónicas y arcaicas. Se ha utilizado a los pueblos, de sus necesidades y su ansiedad de resolución de sus problemas más sentidos, para aplicar aquello de: “divide y vencerás”. Lo cierto es que el modelo capitalista, como lo hemos conocido, ha colapsado, y quienes lo han promovido y alimentado, se están viendo forzados a cambiar las bases mismas del sistema. Y los países menos desarrollados, envueltos en ese modelo, por supuesto se llevan la peor parte. ¿Tenemos opciones? ¿Será que la propuesta del socialismo del siglo XXI es la respuesta? Ojalá así fuera. Y no se duda, que algunos por ahí defiendan este nuevo modelo y hasta se involucren con muy buenas intenciones. Pero ¿será que también así lo ven los líderes que lo promueven a capa y espada?

Latinoamérica necesita y urge de justicia social, de luchar contra el desempleo, el hambre y la pobreza, que son los flagelos que la han torturado desde siempre. De veras que urge un modelo novedoso, pero también eficaz e incluyente. Que no incite a la contienda y el divisionismo entre los pueblos. ¿De qué sirve hablar de un futuro mejor para todos, cuando estamos más divididos que nunca? Porque para lograr esa meta, hay que hacerlo todos juntos, unidos por el sentimiento y la identidad de latinoamericanos, sólo así habrá fuerza para tirar hacia adelante… No hay otra forma. Y no es cierto aquello de que en la actualidad estamos divididos entre derechistas e izquierdistas, como se ha pretendido hacer creer. Para comenzar, no existe a estas altura ni la Izquierda, ni la Derecha. Seamos claros, eso pasó a la historia. Esta es una cuestión más bien de doble moral, una argucia para disfrazar intereses creados. Hay ricos y pobres por ambos lados, y suelen ser más capitalistas, los que se autodenominan de izquierdas y hay mucha gente de verdad progresista, que muy convenientemente se le relaciona con oligarquías, capitalistas, etc. ¡Qué cosa más absurda! Lamentablemente, en todo este enredo, quienes se creen los cuentos e historias arcaicas, son sectores del pueblo sencillo e ingenuo, que creen en las palabras y promesas de los politiqueros. ¡Hay cosas que nunca cambian!

Latinoamérica, efectivamente, necesita de un nuevo proyecto, de la propuesta de un nuevo modelo, sembrar por fin una semilla de calidad y que germine en tierra fértil, donde sea efectiva una auténtica justicia social. ¡Es un reto tremendo! Pareciera algo imposible a como está el panorama hoy en día. Pero, ¿entonces? Algo hay que hacer… o nos quedaremos sentados, viendo la vida pasar. Y los centroamericanos, deberíamos ser un ejemplo. Es cierto que nos han metido en esta vorágine, pero también es verdad que “no hay mal que dure cien años…” y que no todo está perdido. Hay cosas que pasan, como los gobiernos y los discursos trasnochados de algunos caudillos. Pero hay otras que no pasan, y que más bien se pueden y se deben reafirmar. La integración es una de ellas. Debemos estar bien claros que nosotros, pequeñas naciones del istmo, por sí solos no podremos salir adelante, aún así las asimetrías a lo interno de la región sean enormes y hayan países que están muy por encima de otros en crecimiento y desarrollo económico y social.

Por ejemplo, las otras naciones de Latinoamérica, han tenido y siguen teniendo serios problemas en sus procesos de desarrollo integral. Pero, ya ven, ahí está un Brasil, que por tener un gobierno muy eficiente, ha sabido sortear los vientos huracanados de estas terribles crisis. Pero ¡vamos!, además de eso, Brasil es un gigante, se basta por sí mismo. Igual ocurre con Chile y con algunos más por ahí que han hecho las cosas más o menos. Pero nosotros, somos chicos, somos pequeñas naciones, pero que juntas, podemos hacer la fuerza. No hay que seguirlo viendo como una utopía, como un absurdo sueño, como un ideal imposible de alcanzar. Claro que se puede, sólo hace falta voluntad política y los fervientes deseos de hacerlo. Somos una región homogénea, hablamos el mismo idioma y tenemos la misma cultura, las mismas costumbres y compartimos una misma historia. Nuestro territorio, todo junto, apenas llega a aproximarse a la extensión territorial de un país como España. Y a propósito de esa nación, forma parte de la Unión Europea, conformada por 27 miembros en la actualidad, y es una verdadera “torre de Babel” en materia de idiomas y culturas. Y es precisamente la Unión Europea, la que le ha exigido a Centroamérica con vehemencia que conforme un solo bloque para llegar a un tratado de libre comercio con ellos. ¿Ya ven? No queda de otra. Sencillamente hay que hacerlo, porque de lo contrario, nos quedamos rezagados en el último vagón del tren, con el peligro además de que éste se suelte y se quede botado y aislado.

Las bases están allí, existe todo un sistema conformado por muchos órganos y respaldado por una gran trayectoria histórica y de mucho esfuerzo y trabajo. Hay que hacer que este proceso comience a generar frutos, entonces. Contamos con una Corte Centroamericana de Justicia, donde por fin, según últimas noticias, Guatemala se incorporará. Ya era tiempo. Esperemos que algún día también lo haga Costa Rica. Y este es el único órgano realmente vinculante, porque el PARLACEN, sigue siendo apenas un foro que emite recomendaciones que parece nadie toma en cuenta. Lo único que los ciudadanos de los países miembros conocen, es que cuando hay elecciones de diputados nacionales en cada uno de sus países, también deben elegir a los congresistas del Parlamento Centroamericano, pero nadie sabe quiénes son y que harán o para qué sirven, además de ganar buenos salarios. Más bien se cuestiona la efectividad de este órgano y se le percibe como una carga económica. Pero su existencia es totalmente razonable, siempre y cuando algún día llegue a legislar y se cree un auténtico Derecho Comunitario vinculante. También contamos con la Secretaría de la Integración, el SICA y demás órganos de carácter económico financiero, como el BCIE y la SIECA, entre otros, así como los encaminados a la integración social, turística, de comunicaciones, etc. En ello se ha venido trabajando de alguna manera, lento, pero ya es algo. Un ejemplo claro es haber logrado el libre tránsito de las personas, donde ya no se necesita de pasaporte para viajar en la región. ¡Este fue un gran logro! También se ha venido trabajando en la unión aduanera, aunque aún no se termina de concretar, lo que hace ver muy lejana una integración comercial, ya no digamos una integración total. A veces pareciera que se avanza un paso importante, pero después, que se retrocede. Pero no hay que perder las esperanzas. Nadie habla de este tema, nadie la importancia que realmente merece, cuando es necesario y urgente hacerlo. Cada uno de nuestros pequeños países está muy metido en sus propias problemas y crisis, proyectos internos de nación y localismo arraigado. Rubén Darío lo dijo, todos conocemos la famosa frase: “Si la Patria es pequeña, uno grande la sueña”. Seguramente él, como un buen nicaragüense, se refería a como podríamos visualizar a nuestra Nicaragua, pequeña en territorio, pero con la actitud de un gran país. Yo pienso igual, sólo que sueño grande la Patria, pensando en una Centroamérica unida, una sola y gran nación, que sea capaz también de soportar cualquier tipo de tormenta y vientos huracanados de las eternas crisis globales.

Jorge Gamero Paguaga
15 de Octubre de2008