miércoles, 22 de abril de 2009

La Tierra, un hogar en peligro (Parte II)


A partir de entonces, la influencia del ser humano en el planeta es historia, a través de las migraciones, invasiones, surgimiento y desaparición de reinos e imperios, hasta llegar al mundo moderno, conformado en su mayoría por naciones libres, un planeta dividido en fronteras políticas convencionales, pero también dramáticamente dividido en uno rico y otro pobre. Donde el ser humano ha subyugado a otros seres humanos y a las demás especies de seres vivos y ha depredado su propio hogar. Siempre fue así, pero fue a partir de la revolución industrial, a finales del S. XIX, con el surgimiento de la industria de chimeneas y luego con el uso y explotación de los hidrocarburos, que se inició un proceso de destrucción más acelerado del medio ambiente. Un ejemplo elocuente es el efecto de los gases del dióxido de carbono acumulados en la atmósfera a lo largo de todo el S. XX, y hasta hoy, que ha causado el calentamiento global y el cambio climático. Un efecto muy claro es la degradación de la capa de ozono que protege al planeta de los peligrosos rayos ultravioleta de alta frecuencia, específicamente sobre los casquetes polares, perjudicando seriamente la fauna de esos hábitats. Pero además, se sabe sobre la terrible incidencia de la mano del hombre en la extinción de especies de la flora y fauna de diversas regiones del mundo terrestre y acuático. De hacho, casos emblemáticos son el delfín de río de China, el tilacino o lobo de Tasmania, los tigres del Caspio y el de Java, la foca del Caribe, la paloma viajera de Norteamérica, entre muchos más. Y si no se hace algo por evitarlo, igual destino espera al tigre de Bengala, el oso panda, el oso polar, el lobo, el lince, el tiburón, el cóndor, entre una enorme lista.

De hecho, en muchas ciudades del mundo, hay quejas que los animales han invadido y resultan ser una plaga para la vida urbana. Pero lo cierto es que nosotros somos quienes hemos invadido los hábitats de los animales, desplazándolos y obligándolos a trastornar sus costumbres y sobrevivir como puedan, donde la mayoría sucumben. Y como si fuera poco, además de acabar con los bosques y selvas, estamos contaminado los siete mares, lagos, lagunas y ríos de todo el mundo, no importa si se trata de países ricos o pobres. Hemos transformado el mundo de una manera increíble y sorprendente. Lo que los dinosaurios no hicieron en millones de años de presencia sobre este planeta, lo ha hecho la humanidad en apenas unos cuantos miles de años. Tenemos el privilegio de ser los únicos animales capaces de razonar y transformar, y eso es genial, pero lamentablemente, ha habido también un impacto lamentable, dramático y hasta trágico. Las pasiones humanas como las ansias de poder y riqueza, la ambición desmedida de individuos, grupos económicos, países y sociedades en general, han sido las responsables de esta pérdida de perspectiva y no apreciar el planeta en que vivimos, que es uno solo y que muchos de los recursos explotados o dilapidados no son renovables. Por ejemplo, el agua es un recurso invaluable, hasta se cree que las futuras guerras será por la falta del líquido vital. Y sin embargo, pareciera que esto no importara, pues lo seguimos desperdiciando y contaminando, como si fuera algo irrelevante. Quizás estemos pecando de egoístas, pues como la vida es corta, es lo de menos, y entonces el problema será para las futuras generaciones. Además, se califica de alarmistas a quienes alzan la voz y reclaman por esta depredación, como individuos, grupos y organizaciones ecologistas y ambientalistas. También se les acusa de idealistas, como si no estuviera en manos del mismo hombre revertir las cosas. Pero no todo es negativo, a nivel mundial y en cada región y país del mundo, hay gente con conciencia que se está dando a la tarea de no dejar morir a nuestro planeta. Quizás no es mucha, pero ya hacen la diferencia.

Y esa incidencia, de alguna manera, se está haciendo sentir en nuestros tiempos. Es por eso que a pesar de que sigue primando la industria de las chimeneas y los hidrocarburos, se están dando los primeros pasos hacia el uso de fuentes de energías limpias y renovables, como el agua, el sol, el viento, la biomasa, etc. y el reciclaje de los desechos es algo que se está promoviendo e implementado cada vez más. Ojalá que el enorme desarrollo científico y tecnológico alcanzado, sirva para revertir el proceso de contaminación del planeta de manera contundente. Hoy en día existe la capacidad de hacerlo, sólo hace falta de voluntad política para lograrlo, de parte de los líderes mundiales, los dueños de las grandes multinacionales y los tomadores de decisiones. Pero también es necesaria y urgente la educación y concientización de los pueblos para los cambios de mentalidad y actitud, para evitar contribuir a la contaminación y depredación y así darle el valor que merece a la naturaleza y el respeto a un planeta que es el hogar de todos y el único con el que contamos. Quizás en un futuro, algunos, pensando en salvarse de la autodestrucción, se vayan a colonizar a Marte, como ya se está contemplando, y se gaste un capital incalculable en esa tarea. Pero ¿acaso no pensarán esta gente que es más lógico y razonable salvar nuestro propio planeta? Porque no habrá ningún otro capaz de sustituirlo. Quién sabe si merecemos el hogar en que vivimos, y nuestra arrogancia como seres superiores y dominantes llegue a su fin más pronto de lo que imaginamos, y con el paso del tiempo, después de un largo proceso de auto regeneración, el planeta dé oportunidad a una nueva especie que no le haga el mismo daño. Pero quién sabe, quizás haya humanidad para rato. Por lo pronto, amemos y valoremos lo que tenemos, por el bien de todos, luchemos por cuidar y salvar este maravilloso, único, bello y sorprendente planeta azul llamado Tierra.

Jorge Gamero Paguaga

22 de abril de 2009

A propósito del día internacional de La Tierra

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Salvemos nuestro hogar!

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