Compartir mi visión de nuestro mundo. A veces pareciera que todo está perdido... Pero ¿acaso aún no se encuentra encerrada la Esperanza en la caja de Pandora...?
En todo este primer semestre del año casi no publiqué nuevas entradas, mucho menos sobre temas relacionados con política y economía internacional. Sin embargo, dadas las circunstancias, considero que no es posible pasar desapercibido ante los hechos que han estado conmocionando a nuestro mundo, comenzando por el presente, y propiamente en nuestra América Latina.
Lugo y Paraguay
Como es sabido, la noticia cayó como una bomba el 22 de junio, y se extendió como reguero de pólvora. El presidente Fernando Lugo fue destituido por el Congreso paraguayo en 48 horas, en lo que se la calificado como un “juicio político exprés”. Aunque algunos gobiernos latinoamericanos de inmediato lo catalogaron como un “golpe de estado encubierto”. Por supuesto a todos se nos vino a la mente lo ocurrido en Honduras en el año 2009, cuando el presidente Zelaya fue removido de su cargo, causando tremendo revuelo no sólo en Centroamérica, sino en toda América Latina y el mundo. Y hoy, nuevamente se habla de quiebre y fragilidad democrática e institucional en la región.
El caso del Paraguay, aunque similar al hondureño, tiene sus propias características. Entre las causas que motivaron al Congreso a tomar tan drástica medida en contra del mandatario, fue la “incapacidad para gobernar y mal desempeño en sus funciones”. Y en esta acusación, según sus detractores, el “tiro de gracia” fue la reciente matanza entre campesinos y policías, fruto del problema de la tierra en este país sudamericano. Acá no fueron militares a arrestar a Lugo, y tampoco fue expulsado del país, como lo fue Zelaya del suyo. Sin embargo, comenzó a flotar en el ambiente la sombra anacrónica de “golpe de estado”. Se le ha calificado de “golpismo revestido de legalidad”, como lo calificara el presidente ecuatoriano Rafael Correa, en la cumbre del Mercosur realizada en Argentina.
Paraguay y el Mercosur
A propósito de Mercosur, este bloque comercial, conformado por Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, culminó este 29 de junio su 43ª cumbre en la ciudad de Mendoza, al pie de los andes argentinos. También asistieron al encuentro los representantes de los países socios: Bolivia, Ecuador, Chile, Colombia, Perú y Venezuela. El gran ausente fue Paraguay. El 28 se reunieron los cancilleres, y el 29 fue la cumbre presidencial. Por supuesto, el tema prioritario sobre el tapete era el caso Lugo y Paraguay.
En principio, se hablaba de sancionar al país miembro fundador del Mercosur, con medidas políticas y económico-comerciales. Sin embargo, la decisión final de los mandatarios fue no castigar al pueblo paraguayo con sanciones económicas, pero sí al gobierno de Franco con sanciones políticas, como la suspensión temporal del Paraguay del Mercosur y la exclusión de la UNASUR. Al menos hasta agosto de 2013, que será cuando un nuevo mandatario asuma legítimamente el poder, tras las elecciones de abril del próximo año.
Un hecho a destacar es que aprovechando la ausencia del Paraguay, los otros tres miembros del Mercosur, oficializarán el ingreso de Venezuela como miembro pleno a este bloque en la próxima cumbre, que será el 31 de julio, en Río de Janeiro. El aviso lo hizo la propia presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner, anfitriona del evento. Hay que recordar que la ratificación del congreso paraguayo, era el único obstáculo para que Venezuela se sumara como miembro pleno. Esto, por supuesto, también ha creado molestia en algunos sectores políticos de los países miembros, dado que se considera desatinado aprovechar la suspensión temporal de uno de los miembros fundadores para tomar tal decisión.
Pero en fin, eso es algo que aún está por verse. No cabe duda que el mes de julio será sumamente movido y conflictivo en Sudamérica, y no sólo en el ámbito político, sino también en lo económico-comercial. Y es que se trata de la desarticulación súbita de un bloque, que con todo y sus altibajos, parecía ir marchando de a poco. Ahora el panorama luce ciertamente turbio.
¿La solución al problema?
En mi opinión, los argumentos esgrimidos por el Congreso paraguayo no son suficientes para justificar su acción. Es claro que el presidente Lugo no ha sido el mejor de los presidentes, pero tampoco se le puede culpar por los problemas de carácter estructural que viene acarreando el Paraguay, como ocurre con todas y cada una de las naciones latinoamericanas. Aún nos encontramos con resabios arcaicos, como es precisamente el tema de la tierra. Es parte de las inequidades e injusticias sociales que aún prevalecen en América Latina desde la época colonial. Y el caso paraguayo es más delicado, dado que no terminaron de sanar las heridas después de la guerra de la Triple Alianza.
Entonces, el presidente Lugo fue uno más que recibió la “papa caliente”, y encima en condiciones muy vulnerables, pues no tenía realmente el respaldo de un partido político fuerte. Esta es la historia de un ex sacerdote católico que se aventuró entre las turbulentas aguas de la política. Y lamentablemente, su intención parece haber naufragado. De hecho, la Constitución paraguaya permite poner al presidente de la república frente al banquillo de los acusados. El punto es que las causas para haber puesto en esa posición a Lugo, no resultan ser convincentes. Si hubiera acusaciones de probada corrupción, en perjuicio del pueblo y la nación, el juicio sería absolutamente legítimo. Sin embargo, en este caso, los argumentos resultan ser ambiguos y flojos.
Ojalá que en estos casos, definitivamente correspondiera, a través de plebiscitos, al que por ser parte (como elector, gobernado y afectado directamente), debería ser el juez: el pueblo, al único al que le debería asistir el derecho de tener la última palabra, al margen de los juegos políticos internos y la opinión internacional. Pero sabemos de la animadversión a esta lógica opción, bajo los argumentos de que el pueblo ya está representado en los parlamentos, así como los costos en tiempo y recursos que acarrea. Y de ser viable esta posibilidad, un serio obstáculo sería el fantasma de la corrupción o falta de transparencia y la manipulación del voto popular. Los ejemplos abundan en América Latina. Sin embargo, siempre sería preferible correr ese riesgo, donde la sociedad civil organizada, tendría además el desafío de exigir y también de tomar rigurosamente las medidas adecuadas para garantizar ejercicios limpios y creíbles. Obviamente, a los gobiernos corruptos y que se aferran al poder, no les conviene que el pueblo se exprese de esta manera y decida si deben seguir gobernando o no. Por lo mismo, tampoco les interesa garantizar transparencia en los procesos electorales.
Volviendo a Lugo, éste fue acusado de ineptitud para resolver los problemas del país, mas no será ningún mandatario temporal, ni siquiera el próximo legítimamente electo, quien va a resolver una vieja crisis. Se trata de un proceso gradual, y esto aplica para toda las naciones de América Latina. Un proceso que debe iniciar por un genuino cambio de conciencia a todos los niveles: de los individuos y los grupos, las sociedades, las comunidades y los pueblos.
Sólo así es posible que surjan los nuevos líderes que sean agentes genuinos de cambio, con ideas nuevas y de cara a los nuevos paradigmas, libres de estructuras obsoletas. Y eso significa, hacer realidad lo que siempre se ha considerado una mera utopía: un mundo donde prevalezca la solidaridad y la fraternidad, donde le demos valor a lo que realmente importa, que es un mundo para todos y no para unos pocos, enceguecidos por el brillo del poder y el oro. La Tierra y la naturaleza, ya pusieron su parte con sus preciados recursos, desde el principio. Nos queda a nosotros, la humanidad, la responsabilidad de reconocer esta situación, para lograr revertirla, retribuirle a nuestro planeta, y salir finalmente airosos de este caos.
¿Qué ha pasado en el mundo el primer semestre de 2012?
A diferencia de lo que muchos auguraban, la naturaleza se ha portado benigna este año, si lo comparamos con los anteriores. Es cierto que la tierra no deja de temblar, los volcanes de hacer erupción y los ciclones de soplar, pero ha sido más un año calmo en este sentido. Es cierto, no podemos obviar que hay caos, pero se trata de un caos creado por nosotros mismos, la humanidad. De hecho, no es el año del fin del mundo, ni mucho menos. Sin embargo, este año marca un punto de inflexión, dentro de un período de cambios que ya inició para nuestro planeta y la humanidad. Los sistemas se conmocionan y tambalean: políticos, económicos, sociales, religiosos… Estamos evolucionando, somos como un barco en alta mar, y lamentablemente, para avanzar y llegar a puerto seguro, es preciso pasar por las más duras tormentas… Revisemos algunos vaivenes de nuestra nave en estos bravíos mares de este famoso 2012:
Crisis de la Unión Europea:
Se supone que la crisis económica y financiera debió haber quedado atrás en el 2010. ¿Se acuerdan? Eso se decía, cuando la mecha fue encendida en el año 2008, allá, en los Estados Unidos, con la famosa burbuja inmobiliaria… Pero resulta que en la potencia del norte parecen haber bajado las aguas, y la crisis, que se había extendido como un cáncer, hoy se ha focalizado en la vieja Europa, que parecía ir con pie firme y seguro.
Mientras tanto, unos de los grandes de la Unión: Italia, también se debate entre las movidas aguas de la crisis. Incluso, es otro país que junto a Grecia y España se les aventura a ver fuera de la zona Euro. No obstante, apenas este 28 de junio, ante la demanda precisamente de Italia y España, la UE ha aceptado la recapitalización de la deuda, a través del rescate directo de los bancos, tal como se mencionó anteriormente en relación al rescate español. Pero también se definió que el Banco Central Europeo, será el supervisor financiero de la eurozona.
En fin, en medio de tantos sobresaltos, parece haber un nuevo respiro. La pregunta es… ¿Hasta cuándo…? Mientras tanto, y “para variar”, las víctimas de estas tormentas y sombras siguen siendo siempre los pueblos.
¿Izquierda o derecha…?
Ya lo vimos en América Latina. Gobiernos de derecha que pasaron a “izquierda”, como en Nicaragua, El Salvador y Perú. Y países de “izquierda” que pasaron a derecha, como Panamá y Chile. Pues bien, en este “loco mundo”, donde ya ni los políticos saben donde están parados ni qué quieren en verdad, Europa no es la excepción. Y si no, veamos… aunque esto fue en el 2011, en España, el líder del conservador Partido Popular (PP), Mariano Rajoy asumió el poder en diciembre del año pasado, tras derrotar a su opuesto Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Este año, vimos como en Francia se dio el proceso inverso, donde el socialista François Hollande ganó las elecciones y asumió el poder el 15 de mayo, quedando atrás el capítulo del conservador Nicolás Zarkozy.
¿Izquierda o derecha… derecha o izquierda…? ¿Hacia dónde vamos? Quizás haya parte de la humanidad que le interesen estos rumbos, pero es claro que a las grandes mayorías, lo que nos interesa es vivir en paz y con dignidad. Y ya ni hablar de nuestro planeta, que siendo un ser vivo, no ha de comprender por qué sus habitantes humanos han logrado llegar lejos en estos tiempos, como es el caso del desarrollo científico y tecnológico, pero en otras, seguimos exactamente igual que los tiempos del oscurantismo medieval. No me remonto hasta la era de las cavernas, porque a pesar que esas eran oscuras, en esos tiempos, ciertamente había un solo camino.
¿Cumbres o mesetas…?
En lo que va del año, al menos en lo que corresponde a nuestro continente, ha habido tres cumbres de relevancia: la VI Cumbre de las Américas, llevada a cabo en Cartagena de Indias, Colombia, los días 14 y 15 de abril; la Cumbre del Grupo G-20, en Los Cabos, México, los días 18 y 19 de junio; y la Cumbre Río + 20, realizada en Río de Janeiro, entre el 20 y el 22 de junio.
El lema de la VI Cumbre de las Américas fue: “Conectando las Américas: Socios para la Prosperidad”. El fin es profundizar los procesos de integración regional y la cooperación entre las naciones de nuestro hemisferio. Sin embargo, al final no hubo consenso ni declaración final. Las “piedras en el zapato”, fueron el caso Islas Malvinas y Cuba, donde fueron evidentes las divergencias, sobre todo entre los poderosos Estados Unidos (donde están en plena campaña electoral) y América Latina. Pero también fueron evidentes las diferencias a nivel intralatinoamericano.
La intención original de la Cumbre, como lo revela su lema, era encomiable, pero el asunto es que en la realidad, fue una cumbre más, donde más bien se pone de manifiesto lo desintegrados que realmente estamos. Es claro que es urgente priorizar los problemas más sentidos, como las desigualdades y los flagelos de la pobreza, el desempleo, el hambre, etc. Pero justamente por dejar de lado esto, que es lo vital, es que ocurren cosas como las de Paraguay, que no es más que el efecto de los males acumulados de nuestros pueblos y países.
En la Cumbre del G-20, se abordaron
y analizaron temas relacionados con la estabilización y crecimiento de la
economía mundial, como la adopción de reformas de carácter estructural para lograrlo.
También se presentó un portafolio de iniciativas sectoriales para promover el
desarrollo sostenible. El anfitrión, el
presidente Calderón, reconoció el rol de las nuevas naciones emergentes en el
nuevo contexto internacional, como los son China, India, Rusia y Brasil.
Si bien es cierto, el G-20 abordó el tema de
desarrollo sostenible, es claro que éste no era la prioridad de este encuentro. Sin embargo,
sí era el tema central de la siguiente cumbre: Río + 20, con la visión de ”avanzar hacia una
economía verde”. Se logró aprobar un plan para frenar la degradación medio ambiental
del planeta. Sin embargo, este encuentro, considerado el mayor auspiciado por la ONU, con representantes
de 191 países, fue considerado por los críticos un fracaso, por la “falta de
objetivos y metas cuantificables”, es decir, más de lo mismo, muchas palabras y
poca acción. Y la verdad es que hace abordar a conciencia sobre los temas de
desarrollo humano y sostenible. Eso implica multiplicar esfuerzos por lograr la
erradicación de la pobreza en el mundo, así como avanzar en los derechos
humanos y civiles de los pueblos. Y en relación al desarrollo sostenible, la ejecución de medidas concretas para atacar la
contaminación y envenenamiento de tierra, agua y aire, deforestación
indiscriminada, calentamiento global, desertificación, agotamiento de los
recursos marítimos, pérdida de la biodiversidad o extinción de especies; y promover seriamente el uso de las energías limpias. Lamentablemente siempre prevalecen las visiones cortoplacistas y los intereses meramente económicos y comerciales. Es así como las famosas cumbres se quedan hechas mesetas.
Quizás cuando la casa se nos esté quemando, o se la esté llevando el oleaje embravecido, es que correremos a ver como la recuperamos. Ojalá no sea demasiado tarde. Ya es tiempo de aprender de las lecciones, con tanta prueba y error. Y de reconocer que todo es causa y efecto. Tiempo de que aprendamos de que la nueva causa a seguir es la auténtica integración de la humanidad, más allá de todo tipo de fronteras físicas o materiales. Y que por lo tanto, el efecto será ese mundo que las grandes mayorías anhelamos. La buena noticia es que la esperanza no se encuentra perdida, sino que sigue ahí, encerrada en la caja de Pandora. Es tiempo de abrir la caja, pero no dejar que la esperanza se vaya, sino lograr atraparla y convertirla en nuestra nueva realidad. Quizás los actuales líderes anden perdidos, pero hay millones de seres humanos “comunes y corrientes”, que ya están andando el camino.
No cabe duda que Nabucodonosor Constantino Gengis Magno era una criatura con un nombre muy imperial, largo e impresionante. Sobre todo si tomamos en cuenta que se trataba de un loro, de esos de las selvas tropicales de nuestras tierras. Provisto de un plumaje color esmeralda, de un verde muy intenso y un copete amarillo, tenía el don de hablar más de la cuenta, y no sólo de repetir las cosas que escuchaba, sino aparentemente también de razonar y hasta opinar eventualmente.
Y aunque la ilustre ave fuera portadora de tan extraordinario nombre, sólo era conocida como Nabo. Sólo un acta de nacimiento de dudosa legalidad registraba su identidad y demás detalles de su venida a este mundo. La misma tenía los años de su edad,que eran ocho, de estar guardada en algún cajón de la habitación de su dueño. Era este un chico de diecisiete años, amante de la historia universal y las letras desde que era un chiquillo, y había sido el compareciente y registrador a la vez del nacimiento, que fuera más bien el día del encuentro. El documento en cuestión, en realidad era todo un expediente, pues también había fotos del recién nacido cotorrito, una cosita desnuda, mitad pico y mitad cuerpecito, con unas cuantas pelusas blancas y verdes por aquí y por allá. ¿Quién diría que la criatura salida del huevo en esas condiciones llegaría a ser tan hermosa? Difícil de prever, aunque que conste que apenas vino a la vida, el futuro “emperador múltiple”, demostró su entusiasmo y carisma natural, propios de esta familia de aves parlanchinas. Y eso, a pesar que fuera separado de inmediato de su madre.
Nabo no sabía qué cosa era, sólo sabía que era diferente, y por eso tenía una obsesión en su vida: quería ser humano. Y es que el cotorrito, a pesar de las constantes visitas de los pajarillos, nunca había visto más aves de su especie, a no ser los pericos que ocasionalmente pasaban volando muy alto, por los cielos de la gran ciudad donde residía.Renato, su dueño, era un estudiante de secundaria que vivía con sus padres y sus dos hermanos menores, un niño de doce años y una niña de diez. Había adquirido a su especial mascota un lejano día que fuera con sus padres a la fincade sus abuelos. Tenía nueve años, y nunca olvidaría un día de abril, en que unos chiquillos lugareños se aparecieran con el lorito de algunos días de nacido, después de haber bajado su nido a pedradas. Fue tanta la impresión que la causara el huérfano, que convenció a sus padres para adquirirlo. Fue difícil, pues el riesgo de morir de la avecilla era altísimo, pero cabe mencionar que el chico tenía un extraordinario poder de convencimiento. Y para asombro de los padres, el indefenso animalito, no sólo sobreviviría, sino que llegaría a ser el alma de la casa. Y entonces surgiría más que una relación de dueño y mascota, la de una auténtica amistad a prueba de todo.
Y aunque Nabo se sentía un humano más, no alcanzaba a comprender por qué estaba preso en aquel emplumado cuerpecito. Y en su fuero interno, pensaba que en algún momento sufriría su ansiada metamorfosis. También se preguntaba por qué a pesar del gran afecto de Renato y toda la familia, tenía que pasar la noche en una jaula, aunque esta fuera enorme. Cabe señalar que durante el día, tenía la libertad de pasearse por el patio, subirse a las ramas de un par de árboles, e incluso pasar horas en el porche, donde era las delicias de los transeúntes, sobre todo de los chicos. Era además de hablador, un excelente cantante, y se sabía trozos completos de canciones en español y hasta estribillos de algunas en inglés, como “Rapsodia Bohemia” de Queen, por ejemplo, que era su favorita.
Ciertamente, nuestro parlante amigo, era todo un espectáculo. Era raro que se quedara quieto o callado. Y si no hacía ruido, era porque algo se traía “entre manos”. Por ejemplo, un día ocurrió algo que dejó perplejo a Renato. Ellos tenían también un inquieto perrito beagle llamado Almíbar y un gato blanco, de nombre Pánfilo. Una tarde, el chico llegó su casay no había nadie más, sus padres habían salido, sus hermanitos también habían salido con Almíbar, y solo encontró a Pánfilo al pie de la jaula, que estaba abierta y unas plumillas en el suelo.
Renato se puso pálido, y totalmente fuera de sí, tomó bruscamente al gato y lo increpó violentamente:
-¡¿Qué le hiciste a Nabo?! ¡Me has traicionado, Pánfilo, no lo puedo creer! ¡No me digas que te lo almorzaste, porque no sé que voy a hacerte…! ¡Contestame ya!
Y el felino, asustado, lo quedo viendo con cara de miedo e inocencia. Y mientras lo sacudía, el chico escuchó ruidos en la cocina. Más bien era una suave vocecita, precedida por un silbido que conocía muy bien:
-Ay, ay, ay, ay, canta y no llores… porque cantando se alegran, cielito lindo… los corazones… La, ra, la, la, la…
Después hubo un minuto de silencio y enseguida se oyó un aleteo y cosas que se caían estrepitosamente en el suelo. Renato dejó en el suelo a Pánfilo, y se quedó viendo la pared de lacocina, cuya puerta y ventana principal estaban cerradas, excepto una ventanilla con persianas en la parte superior, casi a ras del cielo raso… Y de ahí, salió Nabo.
El loro traía consigo una bolsa en el pico. Por eso se había quedado callado después del canturreo. Renato se quedó de una pieza. Se trataba de la comida de Pánfilo. Era claro lo que había ocurrido. Las dos mascotas quedaran solas, y habían olvidado dejarle comida al felino. Y por seguridad, habían dejado a Nabo encerrado en su jaula, pero con la puertecita sin seguro, solo con el pasador puesto. Como sólo por afuera se podría abrir, todo indicaba que ambos individuos, habían hecho un trato, Pánfilo abriría la puerta y Nabo le buscaría la comida en la cocina. El felino ya había hecho lo suyo, y el ave concluía con su parte, justo cuando se apareció su dueño. Y cuando apareció, voló a una mesa, y como si fuera poco, repuso:
-¡Hola Renato! ¡Comida, Pánfilo…!
Al chico no le quedó más que aplaudir hilarante el hecho, ponerle comida en su plato al felino, después de pedirle disculpas. Y después, ir con Nabo al porche, a hacer las delicias de los transeúntes. Al rato ya se estaba escuchando a voz en grito:
-¡Galileo, Galileo… Galileo, Galileo… Galileo, Fígaro… magníficoooo…! ¡Mama mía, mama mía, mama mía, let me goooo…!
Otro día, en unos minutos de descuido, en que Nabo estaba en el porche, desapareció de repente. Y al percatarse Renato y sus hermanos, comenzaron a buscarlo. Se estaban comenzando a preocupar, cuando vieron que por la acera o vereda, venía Almíbar, el beagle, trotando muy suave, como caballito, y Nabo de jinete, parado en el lomo del can. Un grupo de chicos los acompañaban, riendo, mientras el ave verde silbaba y canturreaba. Era evidente la situación, como se sentía humano, desempeñaba un papel dominante respecto a Pánfilo y Almíbar, y éstos, ciertamente lo respetaban y hasta se dejaban manipular. En cuanto a estas destrezas, no en vano ellos también pasaban viendo la televisión por las tardes. Y como estas, eran innumerables las anécdotas que involucraban al popular Nabo.
2
Pero no todo era fiesta y color de rosa. En el país de Renato, las cosas no andaban muy bien. La nación estaba gobernaba por un dictador, y grupos subversivos que se habían creado para derrocarlo, operaban desde las montañas, en una guerra civil que ya llevaba algunos años. El problema era que ahora amenazaba con llegar a las áreas urbanas, incluyendo la ciudad de nuestros personajes. Y como si fuera poco, en su desesperación, el gobierno autorizó al ejércitoa reclutar indiscriminadamente a todos los chicos para sumarlos a las fuerzas armadas. Así, fortalecería sus tropas en los frentes de batalla, y por otro lado, pretendía impedir que muchos se siguieran integrando de manera voluntaria a las columnas subversivas.
Renato aún no había cumplido los dieciocho años, era aún menor de edad. Pero era sabido que poco le importaba al ejército el tema de la edad y hasta los adolescentes eran asediados, y también no eran pocos los que había encontrado la muerte en los cruentos combates. Ante esta situación, y el temor de perder a su hijo, los padres tomaron la decisión de sacarlo del país. Pero era un auténtico desafío y riesgo, pues no podía obtener documento migratorio alguno. Dadas las circunstancias, decidieron ir más lejos, y aventurarse a sacarlo de manera clandestina a través de la frontera con un país vecino, en una zona agreste que el padre conocía muy bien, y tenía amigos campesinos que estaban dispuestos a echarle una mano solidaria.
Y así fue. Los padres dejaron a sus dos hijos menores con los abuelos maternos, y salieron una madrugada lluviosa en el vehículo de carga de un amigo, cuya labor era comprar granos básicos en las remotas áreas productivas para revender en la ciudad. El camión, cubierto por una carpa, normalmente iba lleno de sacos vacíos, pero fue preparado oportunamente con otros objetos, como barriles y tablas, para ocultar ahí al chico, pues había retenes o puestos de control por doquier. La ventaja era que Marlon, un comerciante cincuentenario, era un tipo muy conocido en toda la región y se había ganado convenientemente la confianza de los militares porque solía prestarle algunos servicios de provisión de alimentos en las unidades militares. Lo que estos nunca imaginaban, era que también este hombre corpulento y que cojeaba de una pierna desde chico, lo hacía también con los subversivos, en una situación eminentemente estratégica de sobrevivencia.
De esta manera, la familia logró llegar sana y salva a la frontera y el “punto ciego” previsto por el padre. Además, fue una suerte que no los hubieran detenido, porque a pesar de que los padres se opusieran rotundamente al principio, no pudieron evitar complacer a un Renato desconsolado y abatido, de llevar consigo a Nabo, su mascota que tanto amaba. Era un riesgo muy alto, dado el carácter parlanchín del ave. Pero quizás porque era de madrugada, y quién sabe, tal vez hasta porque ésta percibiera lo que estaba ocurriendo, no hizo bulla durante todo el viaje, a no ser algún ronroneo y ligeros silbidos esporádicos. En parte también, porque iban juntos. Nabo fue acomodado en una pequeña jaula, e iba al lado del chico, acurrucado en su rincón, oculto, como si de un delincuente fugitivo se tratara. El hecho es que ambos iban rumbo a una desconocida y riesgosa aventura. El muchacho estaba convencido que nada ni nadie los podría separar.
3
La familia estaba a punto de dejar una remota trocha fronteriza para dirigirse a la casa de un campesino amigo, que les había ofrecido su ayuda, cuando una patrulla del ejército pasó justo por el lugar. Iban tres efectivos, y al verlos, después de unos metros, decidieron detenerse y retroceder hasta estacionarse junto a ellos.
Los nervios se apoderaron de padres e hijo. La madre comenzó a orar en voz baja y el padre a calmarla. Mientras Renato, con Nabo en su hombro derecho, sintió en ese momento que su odisea había sido en vano y que todo estaba perdido. Los militares, con la frialdad y dureza que los caracteriza, los interrogaron y les pidieron sus documentos.
-¿Y los papeles del chico?
-Es menor de edad, oficial… -dijo trémulo el padre-. Estamos visitando a unos amigos por acá…
-¿Menor…? ¿Qué…tiene catorce… quince…?
-No lo parece- dijo otro-. Está bueno para el servicio.
-Noooo… -gimió la madre desesperada-. No pueden hacernos esto. Es sólo un chico…
-Señora… hay miles como él en las montañas. ¿Qué “corona” tiene su hijo para librarse? ¿Qué no ve que es un honor servir a la patria?
-Honor, tu…! – comenzó a decir el padre, sumamente indignado.
-Calla, por favor… le pidió su esposa-. No digas nada, piensa en Renato…
-¡No pienso en otra cosa! ¡Pero no se saldrán con la suya…!
-¡Vamos! ¡Lleven al muchacho a la patrulla! –ordenó el jefe.
-¡Vamos, hijo… corre…! – gritó el padre.
-¡Nooo!- exclamó la madre, llorando desconsolada-. ¡Lo van a matar!
-¡Corre, hijo… corre…! –insistía el padre.
Pero Renato, ante la confusión y la complicada situación, no corrió para ningún lado. No huyó. Lo que hizo fue que tomó a Nabo con sus dos manos, y como nunca le cortara las alas, y sabía que las podía utilizar, lo tiró al aire con fuerza, mientras gritaba:
-¡Vete Nabo! ¡Vuela… vuela lejos de aquí…!
Y mientras los militares lo tomaban y llevaban al vehículo, le seguía gritando a su mascota, llorando:
-¡Vete, amigo, vete muy lejos!... ¡Y nunca, pero nunca, se te ocurra más querer ser un humano! ¡Tú tienes alas y eres libre!... ¡Para ti no existen fronteras ni prisiones, nunca más…!
Y Nabo se fue volando hasta la rama de un árbol, y se quedó viendo, seguramente muy asustado, hasta que los militares hicieron subir al chico y sus padres, y se perdiera de vista en la polvorienta trocha de frontera.
Renato fue trasladado a un centro de entrenamiento militar de la zona, el que estaba atestado de chicos recién reclutados. Sus padres, desolados e impotentes, se quedaron hospedados en la población más cercana. No pensaban en regresar a casa, mientras no vieran a su hijo fuera de peligro. Así que la madre llamó por teléfono a los suyos para avisarles que habían decidido quedarse unos días con su hijo y que no se preocuparan por la demora.
4
Pasaron quince días, y los angustiados padres no sabían absolutamente nada de su hijo. Sólo sabían que seguía en la unidad militar, pero les estaba prohibido acercarse siquiera al lugar.
Pero la vida está llena de sorpresas. Nunca sabemos lo que hay a la vuelta del camino, y aunque parecía todo perdido, la esperanza está ahí, siempre presente, como el color de la naturaleza y de algunas aves carismáticas. Cierta madrugada, Renato estaba de guardia en las instalaciones del centro de entrenamiento bajo una pertinaz llovizna. Metido en un uniforme verde olivo, portaba un pesado fusil, y lucía bastante desmejorado, flaco, demacrado y ojeroso. Su cabeza cubierta por la gorra del uniforme, estaba rapada, lo que lo hacía ver muy diferente, dado que siempre lucía una larga y tupida cabellera color castaño. En un par de semanas había sufrido lo indecible, con un atroz entrenamiento para unos chicos que nunca en su vida habían estado familiarizados con la dureza y crueldad de las actividades militares y bélicas. Ciertamente, estos habían sido los días más largos de toda su vida. Eran sólo quince, pero le parecía que cada día era como un mes.
La dura e injusta realidad de su país le cayó de golpe, como un balde de agua fría. Y las imágenes de sus protectores padres y abuelos, sus hermanos, y por supuesto, de sus mascotas, le parecían como algo muy lejano e irreal. Y se preguntaba si en verdad lo había vivido o era tan solo un sueño. Y se le venían miles de escenas, como las descritas al inicio de este relato, por ejemplo, como el susto previo al conocer del trato entre Nabo y Pánfilo, o que el mismo personaje emplumado usara un día a Almíbar de caballito. Y en medio de su amargura, esos recuerdos le sacaban más de una sonrisa, las que de inmediato se congelaban sin remedio. Y tanto pasaba recordando el chico a su hogar, que de repente le parecía escuchar los silbidos o canturreos de Nabo. Y justo en ese momento que estaba ahí de pie, embebido por la lluvia, le volvió a pasar. Entre una arboleda próxima, le pareció escuchar un estribillo y una vocecita muy familiar:
-Dios mío, me estoy quedando loco- se dijo el chico, muy preocupado. -¿Qué voy a hacer…? No sé hasta cuándo podré aguantar esto…
Y creyendo que era fruto de su imaginación, de repente volvió a escuchar desde el mismo lugar:
¡Mama mía, mama mía…!
Entonces volteó al lugar, y susurrando, pronunció:
-¿Nabo…?
Pero hubo silencio.
-¡Me estoy quedando loco… No puede ser…! – se dijo con desesperación -. Más vale que me calle, si no me va a ir muy mal…
Pero entonces, después de un aleteo, volvió a escuchar:
-Mama mía, mama mía, mama mía, let me goooo…!
-¡Nabo! – exclamó con infinita alegría. Y entonces supo que no era su imaginación. Era la voz de un loro. Pero no era de cualquier loro, obviamente. ¿Qué otra ave de esas andaría por ahí cantando el estribillo de “Rapsodia Bohemia? Al menos él sólo sabía de uno, y uno muy especial por cierto, que además de ser su mascota parlante de ocho años, tenía el absurdo deseo de querer ser un humano.
Nabo volvió a aletear y a cantar el estribillo. Fue cuando Renato dejó su puesto de guardia, y muy sigilosamente, se fue desplazando a la arboleda. El ave, al ver que había logrado su objetivo, alzó el vuelo y siguió canturreando. Se detenía en algún árbol, y así siguió.
Renato decidió correr el riesgo de que lo atraparan en su intento de huir de aquel lugar. Creía que no tenía nada que perder, pues de todas maneras lo esperaba la muerte. Si no era allí mismo, sería en la primera misión que lo enviaran. Pero parecía que, a pesar de la lluvia y el cielo oscuro, su estrella estaba brillando para él esa madrugada. Pero además, por alguna razón, confió en Nabo. Sabía que su magnífica mascota no lo llevaría a la “boca del lobo”. Renato tenía la certeza que los animales son mejores que nosotros los humanos, sobre todo por su inocencia y manera incondicional de amar. Al contrario de nosotros, que por lo general, siempre estamos atados a nuestros mezquinos intereses y egoísmos. Siempre esperando algo a cambio, y lamentablemente, casi siempre algo material y superfluo.
Y la intuición no le falló al chico. Fue así como decidió lanzarse a un agitado recorrido por el lugar más inhóspito del centro de entrenamiento. Corrió tan aceleradamente como sus piernas se lo permitieron, entre riscos, bajadas y subidas, tropiezos y caídas. En el camino prefirió despojarse del incómodo fusil, y finalmente se saltó una cerca de malla metálica y concreto, afortunada e insólitamente precaria en ese sector. Totalmente extenuado, mientras tomaba aire con ansiedad, escuchó nuevamente el silbido de Nabo, quien se había detenido en algún árbol a orillas de lo que parecía ser un sendero. Y caminando muy lentamente, viendo para todos lados, se acercó. Fue entonces cuando vio una luz que se encendía y apagaba. Aún sin salir de entre los árboles, distinguió la silueta de un hombre en medio de la oscuridad, la que fue más clara con la luz intermitente que provenía de ella.
Cuando la silueta se movió, la alegría inundó a Renato, y en su demacrado rostro, se dibujó una sonrisa. El hombre con la linterna en la mano era corpulento y cojeaba.
-¡Marlon! – exclamó -. ¡No lo puedo creer…!
Y enjugando una lágrima, musitó:
-No lo puedo creer… ¿Cómo lo hiciste, Nabo…?
Y entonces, libre de miedo, corrió al encuentro de Marlon y éste, sorprendido, se vio de repente abrazado por un chico que parecía otro muy diferente al que había visto unos quince días atrás.Y encima, empapado por la lluvia y cubierto de lodo por todos lados.
-¡Renato, muchacho…! ¡Qué alegría! Vamos, no hay tiempo que perder. Caminemos, tengo el camión cerca de acá…
El hombre comenzó a caminar muy de prisa, y el chico detrás, le preguntaba con ansiedad:
¿Qué pasó…? ¿Cómo encontraste a Nabo…? ¿Y cómo me encontró él a mí…?
Y el hombre:
-No me preguntes lo que no sé, muchacho. Sólo sé que confié en ese loro, y estás aquí conmigo. ¿De dónde sacaste a esa criatura, por Dios…?
-Pero cuéntame qué pasó… por favor…
Cuando ya estaban llegando al sitio donde estaba el vehículo, Marlon repuso:
-Vamos, sube aquí conmigo para ponerte al tanto de las cosas. Pero en un rato, antes de salir a la carretera, te pasarás para atrás y te escondes muy bien. Todo cuidado es poco… Me enteré que los rebeldes, a más tardar hoy por la noche, lanzan acá su ofensiva final, y el ejército enviará a los chicos de tu unidad al frente…
-¿En serio? ¡Pobres chicos! ¿Y no hay algo que se pueda hacer…?
-No… me temo que no. Salvarte a ti ya es un milagro… Te buscarán como sabuesos, pero no por mucho tiempo. Tenemos la ventaja que estarán muy ocupados, y además tenemos nuestra ruta despejada...
-¿Cómo pasó esto… cómo armaron esto Nabo y tú…?
-Nabo, claro… Sólo te voy a decir una cosa… Tu loro y yo hicimos un trato…
-¿Qué dices…? No estás hablando en serio. ¿Verdad?
-Hablo muy en serio… El trato fue conseguir tu libertad, a cambio de la libertad de este país…
-¿Cómo…? No te entiendo… ¿Y qué puede hacer el pobre Nabo por el país…?
-No lo sé, hijo… no lo sé… Sólo sé que el trato fue ese… No sé… creo que todos nos estamos quedando locos… - dijo el hombre cuando ya estaban adentro del camión y arrancaba el motor.
-¡Espera, espera! Yo estoy esperando a Nabo, no arranques todavía. ¿Por qué no viene conmigo…?
-¿Acaso olvidas que él tiene alas y es libre…? Tranquilo, todos vamos al mismo sitio. Después de lo que hizo, aún te preocupas…?
-Sí… digo, no… Tienes razón… no puedo creer la mascota que tengo…
-Que tenías hijo… que tenías…- dijo categóricamente el comerciante-. Ahora él regresó adonde pertenece, a la naturaleza…
-¿Es cierto eso…? –susurró el chico.
-Sí, señor… Hay algo que tienes que aprender, y dadas las circunstancias, creo que no te costará hacerlo… Que el mejor don que existe en esta vida, es la libertad. Tanto para humanos como para animales. Es algo que no se puede comprar ni vender, pues no tiene precio. Sin libertad, todo lo demás, hasta la paz y el amor, se quedan presos.
Renato no dijo nada. Sabía que aquel hombre tenía razón. Él acababa de vivirlo en carne propia. Y pensó que por algo, a pesar de haber hecho de Nabo un loro citadino, nunca le cortó las alas. Quizás porque sabía que algún día las llegaría a necesitar.
Epílogo
La reunión de Renato con sus padres fue memorable. Había sido sólo un par de semanas, pero parecía que se trataba de un reencuentro después de toda una vida. El acontecimiento se dio al otro lado de la frontera, en casa de una familia campesina que se prestó para apoyarlos en esta odisea. Y por supuesto, el encuentro entre el chico y su mascota fue inolvidable.
Mientras tanto, en el convulsionado país, en pocos días, las cosas habían tomado un rumbo determinante. La ofensiva de la que Marlon le había hablado al muchacho, efectivamente se realizó al día siguiente de la fuga, y los chicos del centro de entrenamiento fueron enviados de “carne de cañón”, muriendo varios de ellos. Pero este trágico episodio fue parte de una enorme ofensiva de los rebeldes a nivel nacional que conduciría a una insurrección final apoyada por todo el pueblo. Tres semanas después, el dictador había sido derrocado, y un nuevo horizonte aparecía para una nación devastada. Y del dolor y la frustración, se pasó a la alegría y la esperanza. Una nación completa, en todas las ciudades grandes, pequeñas y comunidades rurales, salieron a celebrar a las calles y caminos el triunfo popular. Es claro que en aquel momento nadie pensaba en que un día las cosas volverían a tornarse oscuras, como una de las caras de la compleja e impredecible naturaleza humana. Lo importante era el momento, el fin de una tiranía y un nuevo comienzo en paz y libertad. ¿Qué podría importar el futuro si se vislumbraba tan radiante y prometedor?
Renato y sus padres también celebraban el hecho histórico, y lo consideraban un auténtico milagro, y más aún cuando sabían que dejarían su clandestinidad y su refugio antes de lo que hubieran imaginado jamás. Sin embargo, el chico tenía sentimientos encontrados, la lógica alegría por el acontecimiento, pero también tristeza porque sabía que Nabo no volvería a casa con él. Pero al menos había disfrutado al máximo el tiempo que pasaron juntos
Cuando ya estaban dejando el lugar, en el vehículo de carga de Marlon, la última escena que el chico vio, fue al magnífico loro, a Nabucodonosor Constantino Gengis Magno, posado en una rama, al lado de otra ave de su misma especie que ya le había presentado, una hembra que en poco tiempo lo había cautivado. Era la naturaleza haciendo lo suyo, el llamado de la libertad. Y Renato haciendo un rápido recuento de los últimos e increíbles acontecimientos, aún no podía creer hasta donde era capaz de llegar una simple avecilla verde y bullanguera. Y también pensó que su especial amigo emplumado, había dejado de ser aquel loro que deseaba mucho ser un humano, después de conocer el lado oscuro de la humanidad. Pero sin olvidar que también existe su contraparte luminosa y diáfana, la misma que impide creer que todo está perdido, y que la esperanza aún sigue ahí, siempre presente, con el color de la naturaleza y de ciertas aves parlantes, como la de nuestra historia, capaz de ser el jinete de un can, o de hacer tratos con felinos... y también con humanos.