Juan Manuel Santos y el futuro de Colombia
Si bien el presidente Manuel Uribe no pudo conseguir ser candidato a la reelección por tercera vez consecutiva, la continuidad de sus políticas de estado podría estar garantizada con su sucesor y ex-ministro de Defensa, cuya victoria electoral confirma la aprobación de los colombianos a la gestión de su gobierno, a pesar de los conflictos y las controversias a nivel interno e internacional. De hecho, Santos tiene también entre sus prioridades atacar con mayor contundencia a las FARC y el grave problema del narcotráfico, con el fin de establecer la paz y mejorar la imagen del país en el mundo.

En mi opinión, es una pena que Antanas Mockus no haya conseguido el respaldo necesario del pueblo colombiano, pues se presentaba como una alternativa novedosa para intentar resolver los problemas de Colombia. Ya no sabremos si de haber ganado las elecciones hubiera logrado dar pasos concretos y definitorios en pro de la paz nacional y el mejoramiento de las relaciones con los países vecinos, como se proponía. Parece que los colombianos no quisieron correr riesgos, y optaron por “lo viejo conocido que lo nuevo por conocer”. Quizás prevaleció el deseo de la “mano dura contra el terrorismo” y el temor de que el país siga los pasos de sus vecinos más cercanos.

El hecho es que Santos es el nuevo presidente. Y precisamente, además de los dos graves problemas internos de las guerrillas y el narcotráfico, se le presenta al derechista mandatario el reto de saber manejar las relaciones con la Venezuela del antinorteamericano a ultranza y autodenominado “marxista” Hugo Chávez, el Ecuador del también expectante Rafael Correa y demás países que conforman el ALBA y “gobiernos de izquierda” de América Latina. Sabemos que con Uribe no fue nada fácil, ni mucho menos.

Sin embargo, en su discurso de la victoria, Santos dijo precisamente que su intención es trabajar de la mano con los países vecinos para desarrollar "una agenda de cooperación e integración en todos los frentes". Pero cabe destacar que a su vez, otra prioridad del nuevo presidente, será consolidar los lazos de cooperación con los Estados Unidos, su gran aliado. Y las estrategias que tome para ello, es precisamente lo que podría evitar que el panorama político de la región mejore, dadas las circunstancias. Simplemente, podría continuar el estado de cosas como hasta ahora, o que empeoren, donde fuerzas antagónicas impiden que se puedan sentar las bases de una paz firme y duradera en la región. Ojalá no sea así y por el contrario, haya sorpresas positivas, por el bien de Colombia, sus países vecinos y la integración latinoamericana, la que seguirá siendo motivo de sólo retórica mientras no se traspase el umbral de la intolerancia y la irracionalidad de uno y otro lado político-ideológico.


La obra y legado de Saramago
La noticia le dio la vuelta al mundo. El 18 de junio murió el escritor portugués José de Sousa Saramago, a los 87 años en su residencia de Lanzarote, islas Canarias, a causa de una neumonía crónica. Fue este un escritor muy prolífico que dejara un legado literario de 17 novelas y numerosos artículos, ensayos y cuentos. Se caracterizó por ser muy controversial a causa de algunas de sus más connotadas obras literarias, como “El evangelio según Jesucristo”, de 1991, censurada por la Iglesia Católica, a causa de su contenido crítico y polémico, considerado “herético y sacrílego”. Por esta razón, dos años después de su publicación se vio obligado a abandonar Portugal y vivir en el exilio en las Islas Canarias. Sin embargo, mantuvo su posición hasta el final, como lo refleja precisamente “Caín”, su última novela, publicada en 2009. De clara tendencia izquierdista, el escritor fue además un eterno crítico de los gobiernos y dictaduras de derecha y el capitalismo salvaje, lo que hizo a través de su labor transitoria de periodista y de sus aclamadas obras literarias.

Por su estilo y aporte a literatura portuguesa y universal, José Saramago ganó el Premio Nobel de Literatura en 1988. Otras de sus obras reconocidas son: “Ensayo sobre la ceguera”, de 1995 (adaptada y llevada al cine con el título "Ceguera", bajo la dirección de Fernando Meirelles ), “Todos los nombres”, de 1997, “El hombre duplicado”, de 2002, “Intermitencias de la muerte” (2005), “El viaje del elefante” (2009), "El año de la muerte de Ricardo Reis”, "La balsa de piedra" y "La caverna".

Saramago, quien era un hombre pesimista y escéptico, nació en el seno de una familia campesina el 16 de noviembre de 1922, aunque dos años después su familia se trasladara a vivir a Lisboa. Allí estudió la educación primaria y secundaria, y antes de tener la oportunidad de estudiar Literatura, fue mecánico y cerrajero. Vivió en la pobreza y el contacto directo con las injusticias sociales y la doble moral del orden establecido, lo que caló en su carácter y personalidad, definiendo sus convicciones político-ideológicas y su filosofía de vida. Fue además un autodidacta, un hombre de letras por naturaleza y creía que debía utilizar su don para compartir con el mundo su controversial forma de pensar. Corrió los riesgos y lo hizo, y a la vez hizo su aporte a la literatura universal. Físicamente ya no estará más presente en este mundo, pero sí lo estará de manera imperecedera a través de su obra y legado.

Cumbre del G-20
En medio de protestas, disturbios y detenidos, como suele suceder en este tipo de eventos, el 27 de junio concluyó la cuarta cumbre del Grupo de los 20, en Toronto, Canadá, desarrollada bajo el tema “Recuperación y nuevos inicios”. Entre los compromisos del comunicado final se incluye la reducción fiscal a la mitad para el año 2013 y la deuda PIB (Producto Interno Bruto) de los gobiernos para el año 2016, lo que sería vinculante únicamente para las economías más avanzadas del grupo. Esto, según el documento, con el fin de evitar "el fracaso a la hora de implementar la consolidación donde sea necesario, lo que minaría la confianza y dañaría el crecimiento".

Se advierte que con el retiro de estímulos no se debe poner en peligro el crecimiento y la demanda privada. Y que los recortes deben ser de acuerdo a la realidad de cada país, pues el fin de esta medida es lograr un crecimiento sólido y equilibrado y fortalecer sus sistemas financieros en contra de riesgos. Este tema de la austeridad fiscal ha causado controversias y tensiones a lo interno del G-20. Sin embargo, la meta ha sido propuesta bajo el supuesto de su factibilidad, y se ha tomado el caso de China, como ejemplo, elogiando los esfuerzos del gigante asiático por impulsar su demanda interna. El documento señala que existe el riesgo de que "un ajuste fiscal sincronizado entre varias grandes economías pueda afectar de forma adversa la recuperación". Además, se reconoce la situación de Japón y da la bienvenida al plan de consolidación fiscal anunciado recientemente por este otro país del lejano oriente.

¿Qué es el G-20?
Este es grupo de países creado en el año 1999, sobre la base de los países más industrializados que conforman el G-7 más Rusia. También pertenece la Unión Europea como bloque, aunque de manera individual sólo están representados los cuatro países más desarrollados. Después se sumaron las nuevas naciones de economías emergentes de todos los continentes del mundo. Es un foro, cuya misión es mantener la estabilidad y equilibrio financiero internacional a través de la cooperación y consultas entre los países que lo conforman, tal es el caso de las cumbres al más alto nivel, como la de Toronto, donde los Estados Parte toman las decisiones y asumen compromisos.

El G-20 está conformado por: Argentina, Australia, Brasil, Reino Unido, Canadá, China, Francia, Alemania, India, Indonesia, Italia, Japón, México, República de Corea, Rusia, Arabia Saudí, Sudáfrica, Turquía, Estados Unidos y la Unión Europea. Representan un 90 por ciento de la producción mundial, un 80 por ciento del comercio mundial y dos terceras partes de la población mundial.

Como se ve, de América Latina pertenecen a este grupo selecto las tres economías más importantes de la región, de las cuales, Brasil por ejemplo, es una de las grandes economías emergentes de la actualidad en el mundo, junto con Rusia, India y China, conocidos como grupo BRIC; y México es además miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Curiosamente, ni Argentina ni Brasil pertenecen aún a la OCDE, pero sí Chile, que no es parte del G-20. En fin… ¿Será funcional la integración de grupos tan heterogéneos de naciones? ¿Será realmente un privilegio para estos tres países latinoamericanos ser miembros del G-20? ¿Hasta qué punto les conviene asumir compromisos en materia económica y financiera junto a las potencias mundiales y otras economías mundiales emergentes? ¿Y cómo repercute esto en los bloques de integración regional a que pertenecen estos países, como el caso del Mercosur, del que son miembros Brasil y Argentina, pero además Uruguay y Paraguay? ¿O eso no tiene nada que ver?

¿Y qué pasa con la mayoría de países del mundo menos desarrollados, como los pertenecientes al África subsahariana, centro y sur de Asia o América central, andina y el Caribe, por ejemplo? ¿Quedan estos a merced del injusto orden económico internacional y las políticas de los organismos financieros internacionales mientras el G-20 se auto protege? ¿O acaso eso no hace ninguna diferencia? Hoy es un G-20… ¿Y mañana…? En fin, son muchas preguntas, quizás los expertos tengan las respuestas. Mientras tanto, ojalá que este tipo de iniciativas, aunque no lo parece, sirvan de alguna manera para ir cerrando las brechas entre las naciones altamente desarrolladas y las menos favorecidas del mundo entero, de lo contrario, sería otra absurda aventura y una soberana pérdida de tiempo y recursos.
Jorge Gamero Paguaga


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