viernes, 30 de octubre de 2009

Construir y destruir

El ser humano se diferencia de los animales, por su capacidad de razonar, de transformar la materia y cambiar el mundo. Ha sido así desde los primeros tiempos, desde la época de las cavernas, en que adornaban sus cuevas, como lo prueban las pinturas rupestres, pasando por las grandes y milenarias construcciones, cuyas ruinas aún perduran, como los zigurats de la Mesopotamia, las pirámides de Egipto, la Acrópolis de Atenas, la antigua Roma, las ciudades mayas e incas y la muralla china, entre otras. Comenzó construyendo casas, luego aldeas, más tarde templos y otros edificios públicos. Así surgieron las ciudades, los feudos, los reinos, los imperios y las naciones modernas. Entonces, el mundo fue conquistado y transformado.




Pero lamentablemente, existe la otra cara de la moneda, pues el ser humano es ambivalente, dicotómico y ciertamente contradictorio y paradójico. Así como ha sido un diligente constructor, también ha sido y sigue siendo un implacable destructor. Levanta y tira, hace y deshace, construye y destruye. Es por ello, que a la par que construía templos, también levantaba muros y fortalezas en sus ciudades, con el fin de evitar las incursiones y la destrucción de parte de invasores, pero también para salir desde allí, a invadir, conquistar y destruir a otros.




El ser humano, con sus manos y espíritu constructor, ha llegado lejos, ha puesto su pie en la luna, robots en Marte y naves no tripuladas en el espacio. Pero también, y de manera paradójica, a través de la ciencia y la tecnología, ha desarrollado y construido las más sofisticadas armas convencionales y nucleares, capaces de destruir pueblos y ciudades, incluso de rica y milenaria historia, como ha ocurrido en Europa y el medio oriente, y otras, que podrían arrasar hasta regiones enteras del mundo, que aniquilarían millones de personas.



Ha construido un mundo moderno de ricas naciones, con un alto desarrollo humano y tecnológico, pero también otro de mayorías absurdamente empobrecidas. Se pretende conquistar el planeta rojo, por ejemplo, con el fin de hacerlo habitable algún día, mientras en las naciones del llamado tercer mundo, aún es una odisea garantizar la seguridad alimentaria y un techo digno para millones de habitantes.




Sí, el ser humano, es un gran constructor, y con este don, podríamos transformar el mundo para el bien común de toda la humanidad, sin exclusiones. Pero la realidad es otra, pues la razón y el sentido común suelen ser dominadas por las pasiones humanas. Por ello, este mundo es como es, y aunque los pasajeros de hoy en este planeta azul que es nuestro hogar, sigamos sumidos en esta paradoja, al menos podríamos hacer el intento de sumarnos a los constructores de un mundo mejor.






En Nicaragua, este nuestro pequeño país, la paradoja de la construcción y la destrucción es una eterna constante. Nótese a continuación las siguientes imágenes, de hechos ocurridos recientemente.

Las siguientes imágenes, corresponden a sucesos que pudieron ser observados a través de todos los medios de comunicación, donde jóvenes nicaragüenses, actuando de manera vandálica, se dieron a la tarea de atacar y destruir, esta vez en la sede de la embajada de los Estados Unidos de Norteamérica, como ha sucedido en otras ocasiones, contra otros objetivos, como sedes de organismos no gubernamentales y de la sociedad civil.


Foto El nuevo Diario


Foto La Prensa



De manera casi inadvertida, imágenes similares a las que siguen, se pudieron apreciar también en estos días a través de algunos medios de comunicación, donde otros jóvenes nica
ragüenses, participan de manera activa en el proyecto internacional, nacido en Chile “Un techo para mi país”, construyendo con sus propias manos, alegría y un gran corazón, casas sencillas, pero dignas, para familias que viven en la pobreza extrema.


Un Techo para mi país, foto El Observador Económico



Foto de un Techo para mi país, para La Brújula Digital

¡Qué gran diferencia! ¿No es cierto?... ¿Cuál de estas actividades, cree usted que promovió el gobierno? Y es que un gobierno, como las personas individuales, es capaz de construir o destruir un país. Está en nuestras manos permitir o evitar cualquiera de ambas cosas, tomar la opción de ser pacifistas o violentos, y elegir la posibilidad y capacidad de destruir o construir nuestro futuro.


Jorge Gamero Paguaga