viernes, 16 de octubre de 2009

Cinco estrellas y la magia del fútbol

La crisis de la querida Honduras, sigue con sus altibajos. Desde que se firmó el Acuerdo de San José, las cosas han estado “estira y encoge”. Una muestra de ello es que ambas partes en conflictos han estado reacios a firmar el mismo, y es que nadie quiere ceder. Por un lado, el gobierno de Micheletti, se rehúsa totalmente al retorno del presidente depuesto, a menos que haya una tercera opción. Y por su lado, a Zelaya no le conviene, porque si bien es cierto, el acuerdo en cuestión, donde el protagonista fue el presidente de Costa Rica Oscar Arias, incluye en primer lugar su restitución, está condicionado, y deberá compartir gabinete y olvidarse de cuarta urna y reformas constitucionales, algo que para él y su gente es totalmente inaceptable. De hecho, está lejos de desear la suscripción de este documento, aunque en su momento haya expresado lo contrario, aprovechando la oportuna negativa de Micheletti. A esto, hay que sumarle que el retorno del depuesto presidente a su país el 21 de septiembre pasado y su refugio en la embajada del Brasil en Tegucigalpa, ha venido a exacerbar más aún los ánimos y recrudecer la crisis.

No cabe duda que en esta historia, la intransigencia ha pasado de castaño a oscuro, pero en medio de todo, al menos se está tratando de dialogar y tarde o temprano deberá salir humo blanco. Ya es demasiado, no es posible que por los intereses y ambición desmedida de unos pocos, todos los hondureños estén pagando las consecuencias. El pueblo catracho ya está cansado, así como toda Centroamérica, esto tiene que llegar a su fin. Y algo que es seguro, es que al margen de la intervención de los organismos internacionales, como la OEA y la ONU, si no hay voluntad entre las partes en conflicto, entre los mismos hondureños, no se logrará una salida negociada y efectiva de una vez por todas. Esperemos que con las elecciones de noviembre próximo y un nuevo presidente en enero de 2010, comience una nueva era de paz y progreso.

Pero más allá de la crisis y los intentos internos o externos por resolver la crisis, en que un pueblo se ha visto gravemente polarizado, como nunca antes se había visto, hay ciertas cosas, eventos y circunstancias que pueden cambiar una situación completa y pasarlo del más negro panorama, al más inesperadamente esperanzador. Tal fue el caso de la clasificación de Honduras a la Copa Mundial de Fútbol de Sudáfrica 2010, el miércoles 14 de octubre recién pasado, lograda a última hora, en el él último minuto, cuando la selección de USA, empatara a la de Costa Rica, en Washington, mientras la selección catracha ya había hecho lo suyo al ganarle a El Salvador, en el estadio Cuscatlán.

Fue casi como un milagro, y aunque el fútbol es sólo un deporte, cuya misión es el entretenimiento, este acontecimiento ha sido de importancia relevante, va más allá de la mera diversión y celebración por una clasificación, poniendo a este país por segunda vez en una Copa del Mundo. Y es que sucedió, justamente cuando el país de las cinco estrellas, está pasando por momentos aciagos, muy difíciles. Se necesitaba algo que viniera a aliviar las cosas, urgía un milagro. Y eso fue lo que sucedió, fue enormemente gratificante ver como el pueblo se desbordó por las calles, vestidos de azul y blanco, celebrando su bien merecido logro. Es en estos momentos, donde no importan los colores políticos y surge lo que nunca debería de faltar, unirse por las cosas que se comparten en común, que beneficia a todos por igual. Ojalá este sentimiento provocado por un deporte, trascienda y contribuya a superar las crisis y divisiones. Hay cosas que parecen imposibles, pero que ocurren, y en este caso, fue producto de la magia del fútbol. Menos mal que el ser humano, en medio de sus eternas contradicciones, puede estar negativo hoy, pero mañana de nuevo, puede estar lleno de fe y optimismo y cruzando hasta las barreras que parecen insalvables. En mi caso particular, mi selección favorita en las Copas del Mundo, ha sido siempre Argentina, pero no cabe duda que en Sudáfrica 2010 ya habrá una selección con la que me que me sentiré identificado y claramente representado.

Jorge Gamero Paguaga