martes, 21 de julio de 2009

¿Y la revolución...?

El 19 de julio de 2009, se cumplió el 30 aniversario del derrocamiento de la dictadura de Somoza, que duró más de 40 años. Es por supuesto una efeméride de mucha importancia en la historia de Nicaragua, pues fue la lucha heroica de un pueblo entero, hombres, mujeres y hasta niños, de todas las clases y estratos sociales. Fue así como se inició una revolución popular que prometía cambiar los destinos del país, por la vía de una auténtica democracia, con justicia social. Por ello, miles de jóvenes y nicaragüenses de todas las edades, perdieron sus vidas en la guerra de liberación, y miles más en las montañas, defendiendo la patria y un proyecto prometedor. Y por ello, también, centenares de miles, se involucraron en los proyectos de desarrollo social y humano, como la cruzada nacional de alfabetización, por ejemplo. Pero entonces, comenzó a perderse la perspectiva y los principios democráticos originales, fueron gravemente distorsionados. Las pasiones humanas, como las ansias desmedidas de poder, la pérdida de la mística y la ética, la manipulación del pueblo y sus necesidades, la práctica de medidas represivas y claramente autoritarias, hicieron de las suyas. Fue así, como todas las esperanzas y sueños por ver una Nicaragua realmente libre y desarrollada, se vinieron abajo, de manera dramática.


Entonces, durante la década de los 80’s, el país vivió los años más duros y difíciles de su historia, por la distorsión del original y esperanzador proyecto revolucionario, más el bloqueo norteamericano más tarde, y por supuesto, la cruenta guerra fratricida entre revolucionarios y contrarrevolucionarios, donde estos últimos eran financiados por el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, en tiempos del presidente republicano Ronald Reagan. Se vivía una economía de guerra y sobrevivencia, cuando el país se había convertido en el nuevo escenario de la guerra fría. Ya no había arados en las manos ni cosechas en las tierras, sino armas, heridos y muertos de ambos bandos, en las montañas. Los sonidos cotidianos eran los de la guerra, los combates y las bombas. Miles de jóvenes fueron reclutados sin cesar por años, para ir a la guerra de defensa, algunos no regresaban, y otros lo hacían, pero lisiados para siempre. Se llegó a perder la noción del estado de normalidad, pues la eterna crisis bélica marcaba la pauta en todo. Y sin embargo, aún se hacían las cosas, pensando en que era lo correcto, se hacía por la patria y la revolución, la razón asistía y se justificaba cualquier tipo de sacrificio. Se llamaba a defender sin tregua las conquistas alcanzadas, y eso se hacía, el pueblo estaba programado para el sacrificio y el sufrimiento.


Fueron años muy difíciles y largos. Se tocó fondo, se habían perdido las esperanzas. Sin embargo, en agosto de 1987, se habían sentado las bases de una salida al conflicto, con la suscripción de los Acuerdos de Paz de Esquipulas II, por parte de los presidentes de Centroamérica, y en marzo de 1988, los Acuerdos de Sapoá, enmarcados dentro del diálogo nacional para alcanzar el cese al fuego. Pero fue en 1990, de manera sorprendente, totalmente inesperada, en elecciones libres, que las inmensas mayorías del pueblo, de manera silenciosa, parecieron ponerse de acuerdo, y decidieron que no querían más guerra, muerte, hambre y seguir el camino inexorable al abismo. Así fue como llegó al gobierno doña Violeta de Chamorro, como líder de la oposición unida, en un hecho que marcó un hito histórico. Y así fue como se pudo salir por fin a respirar un poco. A través de este gobierno de transición, se logró la paz y ya con eso fue bastante, algo que ciertamente, parecía imposible de lograr. Aunque encontrar la senda para salir de la debacle económica, no sería algo fácil de conseguir, el país estaba totalmente en la quiebra. Y es que los nicaragüenses hemos sido realmente desafortunados con los gobiernos que nos han tocado, porque, para colmo de males, después llegaron nuevos gobiernos, donde la corrupción y la mala administración, era cosa cotidiana. Imposible que no venga a la mente Arnoldo Alemán, un personaje de antología en este país, corresponsable del caos actual de la nación.


Durante el convulsionado gobierno de don Enrique Bolaños, ya sabemos lo que ocurrió. Se consolidó el famoso pacto entre Arnoldo Alemán y Daniel Ortega, que ya había iniciado durante el propio gobierno del líder del Partido Liberal Constitucionalista (PLC). Esto era algo que primero fue un secreto a voces y después una realidad probada y reconocida. Ambos caudillos, quienes han visto a Nicaragua como su propia finca, secuestraron los poderes del Estado, como la Asamblea Nacional, La Corte Suprema de Justicia y el Consejo Supremo Electoral, y demás instituciones, con el fin de lograr a través de sus diputados, magistrados, contralores y demás piezas políticas, sus mezquinos intereses particulares, protegiéndose mutuamente y neutralizando a terceros que consideraban obstáculos en sus maquiavélicos planes. Quizás esto sirva de información para lectores de otras latitudes que ignoren estos hechos, pero para todos los nicaragüenses, ésta es una historia que conocemos hasta la saciedad. Aún por aquellos, que de manera insólita, por alguna razón defienden a estos individuos y sus aventuras. La mayoría, sumidos en la enajenación, por supuesto, pues no han logrado mejorar su nivel de vida y siguen sumidos en la pobreza y el atraso.


Fruto de este ominoso pacto, es que los diputados del FSLN y el PLC, realizaron cambios a la ley electoral, incluyendo el porcentaje de votos necesarios para ganar las elecciones presidenciales. Según la ley, era del 45%, ellos lo redujeron al 35%. Esta nueva situación, sumada a la realidad de una oposición dividida y debilitada, conformó la fórmula perfecta para que los acontecimientos tomaran el más nefasto de los cauces. Por un lado, el nuevo FSLN, demagogo y populista (que no es el mismo que llevó al triunfo la revolución en 1979), logró mantener unidas a sus bases (entre el 35 y 38%), pero Arnoldo Alemán, quien era un reo, después de haber sido llevado al banquillo de los acusados, por corrupción probada, a través de sus infinitas ansias de poder, logró dividir a su propio partido. Fue de esta manera, que hubo dos candidatos liberales, José Rizo, del PLC, y Eduardo Montealegre, en la casilla de la llamada Alianza Liberal Nicaragüense (ALN). Mientras tanto, la disidencia sandinista, liderada por antiguos militantes históricos de la revolución e intelectuales, y con una importante base en las ciudades, también se presentaba a las elecciones como el Movimiento de Renovación Sandinista (MRS), como una opción que rescataba el espíritu y los principios originales de la revolución de 1979, y cuyo candidato, Herty Lewites, un ciudadano muy carismático, falleciera de manera repentina en plena campaña, por lo que tuvo que ser reemplazado por el economista Edmundo Jarquín. A estas elecciones acudieron además otros partidos políticos incipientes y de escasa base.


Lo demás, es historia. El 5 de noviembre de 2006, el pueblo nicaragüense acudió de manera masiva a las urnas. El Consejo Supremo Electoral, en su último reporte, con el 92% de los votos escrutados, anunció, a través de su presidente, fruto del pacto, como claro ganador de la contienda electoral al FSLN y su candidato Daniel Ortega, con el 38,7% de los votos. No había necesidad de una segunda vuelta. Un dato interesante es que nunca se informó el 8% restante. La jugada de la reforma y la división de la oposición les funcionó a la perfección a los pactistas. Ortega ganó la presidencia de Nicaragua, en su cuarto intento consecutivo. Y el reo Arnoldo Alemán, se libraría de un destino tras las rejas, conservando importantes cuotas de poder. De hecho, actualmente, este personaje es un hombre completamente libre. Cosas que pasan en Nicaragua.


En enero de 2007 tomó posesión del gobierno Daniel Ortega. A la fecha, ya se han cumplido dos años y medio. Durante su campaña hubo muchas promesas, su prioridad sería la justicia social, la lucha por la erradicación de la pobreza, generación de empleo para todos, promover el desarrollo humano de manera incluyente, así como promover y ejercer la democracia, con libertad de expresión y respeto a los derechos humanos en todas sus formas, así como la reconciliación en paz y amor. Pero a estas alturas, el gobierno actual, se caracteriza por ser más bien de corte neo liberal, exactamente como todos los anteriores. La mezcla Estado-Partido fue puesta en práctica desde el inicio, cuando el despacho presidencial se trasladó al local del partido oficialista, ubicado junto a la casa residencial del mandatario. Y la bandera partidaria, comenzó a ondear junto a la azul y blanco de la patria en todas las instituciones estatales. Para aspirar o conseguir un empleo, por ejemplo, se comenzó a exigir aval de los denominados Consejos del Poder Ciudadano, impuestos por el gobierno, en una posición claramente excluyente y discriminatoria, donde se supone que el “pueblo es presidente” y se ejerce una democracia participativa.


A causa de la crisis, no ha habido ningún reparo en sacrificar los presupuestos de Salud y Educación, donde los maestros, por ejemplo, siguen ganado sueldos “de hambre”. Sin embargo, no han sido capaces de sacrificar los salarios y prebendas de los altos funcionarios del gobierno. Se ha tomado la bandera de los pobres, pero la pobreza se sigue incrementando de manera vertiginosa entre el pueblo, mientras ellos son los nuevos grandes empresarios. El presidente y su gente, a través de discursos trasnochados, siguen atacando al imperialismo, como siempre, así como a los burgueses y oligarcas, como si ellos no lo fueran ahora mismo. Mientras, el pueblo está más polarizado que nunca, y en vez de reconciliación y paz, se ha promovido el odio y la violencia entre hermanos. Hemos vuelto al punto hasta donde las amistades y las buenas relaciones, se minan y pierden, de manera absurda, más que por las divergencias ideológicas, por la alienación. Las libertades de expresión y manifestación han sido violentadas de manera abierta, incrementándose después del golpe de gracia, que fue el fraude electoral de las elecciones municipales del 9 de noviembre de 2008, emprendiéndola contra medios de comunicación, organismos no gubernamentales y organizaciones de la sociedad civil. Todos los que han denunciado el fraude o no están de su lado, son calificados de derechistas, traidores y oligarcas. La censura está a la orden del día, pero la peor de todas es la auto censura, a veces razonable, a causa del temor y el amedrentamiento. Los medios de comunicación, temen ser intervenidos, los empleados a ser despedidos y los desempleados a ser vedados, y no conseguir nunca un empleo en las estructuras estatales. Resulta entonces, que expresarse libremente, es ponerse la soga al cuello. Es un claro atentado contra las libertades, y sin libertad, nunca podría haber democracia.


En cuanto a las relaciones internacionales, como es sabido, el presidente Ortega es uno de los principales aliados del siempre furibundo presidente venezolano, Hugo Chávez, y como es sabido, es parte de la denominada Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), que no es más que una entidad internacional de carácter político ideológico, con intereses eminentemente comerciales. Por ejemplo, el gobierno de Nicaragua recibe ayuda financiera de Venezuela, a través del ALBA, y algunos fondos son aparentemente invertidos en proyectos de desarrollo socio-económico, pero no se sabe que ocurre realmente con este presupuesto paralelo, pues otra de las características de este gobierno es el secretismo y la falta de acceso a la información. Pero sobre ese asunto del ALBA y su líder, no es preciso decir mucho, pues sabemos de las consecuencias de sus influencias e incidencia.


Por otro lado, el gobierno de Ortega, se ha enemistado con la comunidad donante. De hecho, algunos cooperantes san retirado sus ayudas, a causa de esta desafortunada actitud, pero sobre todo por el evidente golpe a la democracia y la transparencia, a través del probado fraude electoral, lo que podría ser revertido si se hiciera un nuevo y correcto escrutinio de los votos del pueblo, lo que es impensable para el gobierno, por razones obvias. Esto ha sumido a la nación en una grave crisis institucional y económico-social, en tiempos de una severa crisis mundial, por lo que el impacto y las consecuencias podrían ser catastróficas. Fue así como vimos el retiro de algunos países europeos tradicionalmente cooperantes, y después la Unión Europea en su conjunto, lo que es grave, porque su aporte al presupuesto nacional, es fundamental. A esto le sumamos la suspensión de los fondos de parte de los Estados Unidos de Norteamérica para el programa Cuenta Reto del Milenio, cuyos beneficiarios son pobladores y pequeños productores del occidente del país.


La lista de desmanes es grande, no terminaría. El FSLN está en el poder, pero… ¿y la revolución…? Se celebró el 30 aniversario de la misma, con bombo y platillos, por todo lo alto, con una plaza ciertamente llena de cientos de miles de nicaragüenses traídos de todos los rincones de la nación, para participar en un evento cargado de ritualismos, culto a la personalidad y megalomanía, donde el presidente y su señora esposa fueron los protagonistas. Pero ya está probado que no es con plazas llenas que se gana, es en las urnas, y para ganar a conciencia y limpiamente, tampoco es reformando leyes a conveniencia, a través de sucios pactos. Es fácil decir un discurso con mucha retórica, y señalar a otros culpables de nuestra situación. Es fácil también desde una posición cómoda, de dictador constitucional, hablar en nombre del pueblo y de los pobres, mientras quien habla, no vive precisamente como un pobre ciudadano, el mismo que fuera un joven y desposeído guerrillero, treinta años atrás, lleno de mística, idealismo y muy buenas intenciones. Es muy conveniente y oportuno, llamar a un pueblo a votar por un referéndum revocatorio, cuando la entidad que cuenta los votos, que irracionalmente en Nicaragua es un poder del Estado, está hecha a la medida de los intereses creados. Y es que la figura del referéndum revocatorio, es ciertamente positiva y muy saludable, pero una nación genuinamente democrática. En este caso es inviable, pues en el trasfondo de esta propuesta, se encuentra el único interés de las reformas constitucionales y la reelección, con el fin de perpetuarse en el poder. Se trata de otro golpe bajo a la democracia.


No cabe duda que la efeméride del 19 de julio es de suma importancia en la historia de Nicaragua, representó el fin de una era oscura y se esperaba fuera el inicio de una nueva, llena de luz y esperanza. Pero la verdad es otra, a 30 años, los negros nubarrones no se han disipado de nuestros cielos, y difícilmente hay probabilidades que salga el sol, dadas las circunstancias, el escenario y sus actores. Las ansias de poder y la corrupción son mayores que cualquier interés genuino por el bien común y el desarrollo integral de la nación. Entonces, el 19 de julio se celebra el derrocamiento de una dictadura. Hoy día, existe otra, sólo que ésta emergió desde el resguardo de una constitucionalidad forzada. La realidad es sólo una, la revolución, dejó de existir hace mucho tiempo. Esperemos sin embargo, que no todo esté perdido, los nicaragüenses ya hemos sufrido demasiado, y es justo que un día por fin encontremos, todos juntos, esa senda que nos guíe hacia el destino que realmente merecemos, donde la democracia, la paz y la libertad y el desarrollo integral con genuina justicia social, no sean solamente lejanas y añoradas utopías, sin pelear por falsas ideologías, por arcaicas derechas e izquierdas y banderas partidarias, sino únicamente y exclusivamente por la nación, cobijados todos por la única bandera que vale la pena, la azul y blanco de la patria.

Jorge Gamero Paguaga